El camino del proceso de un sueño realizándose
Abr 30th, 2008 | By griselda | Category: Arte, Creatividad, Cursos y Talleres 2010, Educación, Libros / Artículos, Movimiento consciente, Semillas al viento. Historia de las Artes Somáticas, Talleres básicos, Talleres temáticos, Tomás Rouzer, Trabajo corporalCapítulo II del libro “Semillas al Viento. Historia de las Artes Somáticas Aplicadas en el Perú
Por Tomás Rouzer
Fragmento de Dibujo de Tomás Rouzer
La historia es como el crecimiento de un árbol, un río, un sistema nervioso, una obra de arte, una escuela en formación. Es la historia de una semilla, una gota de agua, una conexión eléctrica, una pincelada, un sueño realizándose.Las Artes Somáticas Aplicadas tienen precursores
Hay hermanos mayores y hermanos menores y dos intentos de formalizarse en la comunidad. Su historia en el Perú data desde 1969. Se consolidó en una primera formación con TAPES 1 (5 años), TAPES 2 ( 3 años), y en las Terapias Psicocorporales con Sergio Barrio con dos grupos de formación de 4 años cada uno.
Se evolucionó a Las Artes Somáticas Aplicadas a las Terapias Psicocorporales y Expresivas con un tercer grupo de formación de 4 años para algunos y 6 años para otros.
Al formar la Escuela de Artes Somáticas Aplicadas es apropiado y pertinente tener una reseña histórica de este proceso de crecimiento. Hay voces aquí desde sus orígenes y de cada grupo de formación…
Las Artes Somáticas Aplicadas en esencia nacen en medio de la época de la revolución de la conciencia en los años 60.
Sus orígenes son anteriores a esa época pero en los años 60 surgió a nivel mundial una suerte de protesta masiva contra la cultura de la conformidad, se rompió un dique de represión y explosionaron muchas alternativas en lo que Marilyn Ferguson llamaría “La Conspiración de Acuario.”
En el Perú la psicología humanista tuvo una pequeña acogida y esto eventualmente llevó a una dicotomía entre lo psicoanalítico y lo conductual, como, por ejemplo, La Terapia Guestáltica de Fritz Perls.
En mi caso, después de haber hecho terapia en los dos enfoques, encontré más dinámico y vital lo guestáltico.
Por cuestiones de vínculos profesionales y afectivos, me encontré con un pie en cada campo y allí es donde comencé a darme cuenta de mi necesidad de ser puente e integrador de los dos polos.
Había venido al Perú desde los Estados Unidos como profesor de inglés, y con inquietud acerca de cómo ayudar.
Salí de la protección de vivir en la comunidad del colegio donde enseñé, y fui a un barrio para vivir en grupo y practicar la vida compartida.
Era una experiencia estresante que me llevó a terapia y me sirvió mucho como proceso de aprendizaje de autoconocimiento y preparación para ayudar a otros después.
Me convertí poco a poco en psicopedagogo.
Mi dilema era cómo introducir ideas desde mi búsqueda y experiencia en el Perú, que tenían una fuente de inspiración en materiales y experiencias realizadas básicamente en los Estados Unidos, y encontrar una forma de aplicarlas sin ser acusado de importar valores culturales foráneos.
Después de trabajar como psicoterapeuta psicopedagógico con individuos, grupos de jóvenes y profesores, me metí en el campo de trabajar con parejas en talleres pre-matrimoniales y luego talleres para parejas en conflicto.
Después de un par de años en este trabajo, me sentí agotado en mi trabajo con los diversos talleres de parejas con sus conflictos, saturado con el humo y la bulla de la ciudad y limitado en mis conocimientos profesionales en este tipo de población.
Fui a los Estados Unidos por unos meses, decidido a descansar y estudiar terapia de pareja y familia.
Por pura casualidad, un paciente me habló de un taller de movimiento que había seguido con una mujer llamada Poldi Orlando y me habló acerca de cómo le ayudó como terapia!
Me picó la curiosidad, investigué, la encontré pero no ofrecía talleres en su estado de Florida sino en Nueva Jersey, cerca de donde yo iba a hospedarme en Pensilvania.
Mi corazón latía fuerte con la posibilidad de seguir un taller con ella.
Averigüé sobre cursos en el Instituto Guestáltico de Cleveland, Ohio, y encontré uno sobre trabajo corporal que me llamó la atención y me inscribí.
Sin saberlo, estaba entrando por una puerta abierta que me cambiaría la vida.
En el taller de Poldi trabajaba con el movimiento y la danza como terapia.
Me sentí como pez en agua y se me abrió la mente y el corazón que sí se podía hacer terapia a través del enfoque corporal.
El curso del IGC me presentó a los mensajes de la respiración y los micro movimientos de Moshe Feldenkrais que me dejaron sorprendido y con una innovada manera de ver el movimiento corporal.
Al final de mi estadía en los EEUU, regresé al centro donde había trabajado con Poldi para conocer a un gran maestro, que sin saberlo en el momento me sembró el camino de mi trabajo por el resto de mi vida (y sólo trabajé con él tres veces).
Él se basaba en el Tao y el Budismo y exploraba con muchas cosas siempre de una forma diferente con cada persona.
Era curandero, filósofo, místico, investigador y gran terapeuta-Dick Olney. Su trabajo lo llamaba La Auto-aceptación.
Regresé al Perú decidido a probar trabajar con el cuerpo como terapia.
Me había olvidado de los conflictos de parejas y familias, y mi foco de atención era cómo podría investigar este nuevo territorio, ganar adeptos y crear una nueva forma de hacer terapia.
Era un momento decisivo porque me ofrecía la posibilidad de focalizar en la salud y los recursos que tenemos con una actitud juguetona y aventurera, en vez de quedarme con la solemnidad algo densa de la psicoterapia analítica hablada y poco activa.
Me calzaba como guante este nuevo camino y desde allí comencé a explorar y expandir en lo que eventualmente se llamaría “Las Artes Somáticas Aplicadas.”
Poco a poco este nuevo norte me llevó a buscar un denominador común en todas las culturas y era el cuerpo.
Lo que siempre me había llamado la atención era la rapidez y la facilidad con que las personas hablaban de sus males y sus médicos y pastillas sin asumir responsabilidad sobre su propia vida y su propio cuerpo.
Después de practicar durante años, al principio con mucha cautela y poco a poco con más seguridad, ejercicios personales y grupales de autoconocimiento y dramatización, se fue armando una suerte de síntesis entre el aprendizaje, la salud mental y física y el desarrollo espiritual a través de la creatividad.
Sólo ahora, al mirar hacia atrás, tengo claridad del proceso.
En el momento, era seguir adelante con la intuición, la inquietud, transformar el descontento en la búsqueda del bienestar, y confiar.
Había momentos cuando todo se me confundía y tenía que tomar un largo tiempo en blanco, revisar lo hecho, tratar de entenderlo, hacerme las preguntas que quería seguir explorando, y armar una forma de investigar.
Hay muchas vertientes que han influido en las Artes Somáticas Aplicadas. Los métodos de organizar sus descubrimientos pertenecen a sus dueños pero los buenos maestros siempre esperan que sus seguidores aprendan de ellos no para imitarles sino para descubrir sus propios aportes y variaciones.
En los momentos de transición e inquietud que yo he vivido a lo largo de estos años, he tenido la curiosa experiencia de seleccionar materiales que a veces caen literalmente a mis manos o que me llegan de forma misteriosa como sincronicidades.
A veces el material no me tocó en el momento sino meses o años después. Leí con fervor, probé conmigo y con otros muchas ideas y estímulos que me motivaron a crear mis propios materiales que terminan como una síntesis de lo aprendido e incorporado, original y no original al mismo tiempo.
Pasé por una larga etapa de probar quizás demasiados estímulos en una sesión hasta aprender de la experiencia misma a dosificar mejor los materiales como un banquete: piqueo (prueba de muchos estímulos), segundo (probar menos estímulos), gourmet (probar uno o dos estímulos y profundizarlos).
He seguido diferentes corrientes a lo largo de este proceso de investigación, enseñanza y curación cuya esencia siempre ha sido usar el cuerpo y nuestra infinita capacidad creativa para expresarnos corporal, emocional, mental y espiritualmente en la vida.
La primera etapa era la exploración y conquista de un nuevo territorio, la segunda etapa era echar raíces y construir un método con sus técnicas para trabajar con grupos, parejas, individuos e instituciones.
Y la tercera etapa ha sido una de entrenar a las personas interesadas en la esencia de las Artes Somáticas, las terapias psico-corporales, aplicadas al liderazgo creativo y educación para la salud integral en la comunidad.
La exploración vivencial nos reta a abrirnos a la experiencia vital actual, e improvisar de forma consciente.
Movemos el cuerpo, las emociones, los pensamientos y la imaginación creativa.
Y aprendemos a reflexionar sobre los resultados como el fruto de una acción, darle un significado sin juicio ni crítica, y de allí meternos de nuevo en el proceso creativo de aprendizaje.
Nos reta salir de nuestra natural pereza y despertarnos de nuestros trances como sujetos pasivos y reactivos, para convertirnos de forma consciente en los dueños y creadores de nuestras propias vidas por las decisiones tomadas.
Nunca sabemos de antemano adónde nos llevará el proceso ni a qué nivel nos llevará la experiencia.
He aprendido a lo largo de este camino que los participantes nunca se meterán a las profundidades si no están listos para hacerlo.
La crisis del cambio que ocurre en este trabajo es dejar lo conocido y aprendido, probar algo nuevo y volver a aprender como adultos con una riqueza insospechada de recursos internos.
De alguna forma me he sentido como partero mientras los acompañantes permiten nacer nuevos aspectos de ellos mismos en sus vidas.
Me han influido de formas sutiles el hatha yoga, Paul Tournier con su énfasis en el médico que toma en cuenta toda la persona y no sólo el síntoma, Corita con su arte, Paulo Freire con su énfasis en escuchar y empoderar al aprendiz, Miles Davis y Joan Baez con su música y mensaje, Fritz Perls con su terapia existencial y vivencial, Moreno con psicodrama, Augusto Boal con su forma de hacer teatro en la calle, Moshe Feldenkrais y su genial enfoque en el aprendizaje corporal, Tomás Hanna y Somática, George Leonard y su exploración corporal, Leonard Orr con su respiración de renacimiento, el Tao, Arnold Mindell y su psicología de los procesos, Ron Kurtz y Pat Ogden con Hakomi, Clyde Ford y su forma de trabajar con el contacto, McNiff y expresión artística, budismo, el curanderismo de los shipibos con cantos e instrumentos musicales, Elba Bravo y la cosmovisión andina, Margaret Wheatley y su enfoque sobre el liderazgo, y Sanaya Roman y su enfoque de desarrollo espiritual. Dorie Rothman ha sido una constante maestra y creyente en estos trabajos alternativos, siempre usando su intuición para buscar lo mejor.
Todos han sido ingredientes de la sopa y la sazón ha sido la vida y la experiencia de todas las personas que me han permitido desarrollar este enfoque en el Perú durante 38 años.
Yo, como puente e híbrido, aseguro que este trabajo ha tenido influencias desde alrededor del mundo y se ha desarrollado en el Perú según la problemática y las experiencias vividas acá.
En este sentido es un trabajo intercultural, intergeneracional, multidisciplinario.
Era difícil explicar a otras personas lo que hacía.
Cambié el nombre del trabajo a cada rato.
Siempre había la sensación de tener que explicar científicamente acerca de lo que hacía para darle legitimidad.
Escribí ampliamente sobre la experiencia tratando de explicarla pero otros no lo consideraban teoría en términos clásicos.
Sin embargo, observé que la experiencia en vivo y directo ayudaba a las personas, evolucionaron frente a los ojos de quiénes querían ver y más que una terapia para personas enfermas, era un aprendizaje de cómo vivir mejor para todas las personas, enfermas y sanas.
En un momento en que las terapias corporales comenzaron a surgir con fuerza como una avenida de exploración y las terapias racionales y emocionales tomaron otro camino, por cuestiones operativas me veía necesitado de combinar las dos vertientes en una.
Cuando me cansé de dar muchos talleres sueltos, decidí focalizarme en un grupo de formación.
Llamé al trabajo Taller de Formación para Promotores de Educación Somática (TAPES)
De nuevo surgió el dilema de explicar el trabajo para la comunidad ya que estos alumnos tendrían la tarea de trabajar con otros después.
Cansado de la adulación monocorde de lo científico y la necesidad de racionalizar algo que era corporal y que tenía su propio lenguaje, un feliz día decidí llamarlo Artes Somáticas Aplicadas.
Es un arte trabajar con otros en el proceso creativo de sus vidas y es un enfoque aceptable a cualquier grupo o institución por la naturaleza de su enfoque.
El cuerpo con su estrés parece ser “el tema” de la modernización del mundo urbano con la cibernética y la mayor exigencia del mundo laboral.
La inquietud y la insatisfacción en mi caso siempre han sido señales de un cambio que trata de manifestarse.
Y ahora, mirando hacia a tras, los muchos años de soledad y búsqueda de mi verdad a través de mi labor con otros ha dejado muchos frutos.
Ahora lo veo como que la esencia del árbol está en la semilla pero que la semilla primero está sola, se pudre, sale un germen, un brote que busca la luz y luego el aire, el sol, los nutrientes que le permiten crecer poco a poco. En los últimos años hemos ramificado e incluido el tema de liderazgo y curanderismo a las artes somáticas aplicadas por considerarlos aportes y campos abiertos.
Más de la mitad de la población recurre a los curanderos para sanarse.
En la sociedad actual nos quejamos de no tener líderes hábiles que nos inspiran.
Al investigar estos dos mundos, descubrimos, tanteando, lo que tenemos en común y de diferente y cómo mejorar los servicios que ofrecemos a la comunidad.
En mayo de 2002, mientras desyerbaba en el jardín de mi hermana en los Estados Unidos, tuve una visión de un nuevo sueño para mi trabajo en el Perú.
Sentí que era como una segunda oportunidad luego de haber dedicado más de treinta años a levantar, con la colaboración de otros, una escuela de educación somática.
El nuevo proyecto Sueño tiene la intención de influir en la manera cómo se enseña la educación física en los colegios.
Hasta ahora ha venido siendo enseñada desde la óptica de la competencia deportiva y muy poco que ver con auto-conocimiento, auto-aceptación y el desarrollo de recursos físicos interiores para la salud y el bienestar.
Lo llamé “Las Artes Somáticas Aplicadas a la Educación Física Interior.”
En junio del 2002, luego de dos meses de ausencia en los Estados Unidos, junto con una colaboradora, pusimos las ideas en la forma de un proyecto sueño por escrito.
Invitamos a personas interesadas a una primera reunión en julio y llegaron alrededor de 20.
Compartí el sueño y ellos se entusiasmaron y dijeron que no era sólo para adolescentes y jóvenes sino para todas las edades.
Tuvimos una segunda reunión para escuchar cuáles eran los sueños de los otros, y pensar juntos cómo podríamos colaborar y unir nuestros esfuerzos. La imagen de muchos ríos convergiendo en un gran y multicolorido reservorio acompañó esta reunión.
Otra imagen que nos acompañó en esta reunión fue la de un árbol gigante con profundas raíces y muchas ramas irrigadas por los ríos fluyendo desde el reservorio, cubriendo todas las poblaciones.
Había, sin embargo, un sentimiento, que nos estábamos apurando antes de tener claridad sobre quiénes éramos y qué podríamos ofrecer.
Nos acercamos con la rueda medicinal de los indios Norteamericanos y la rueda medicinal de los Andes Peruanos llamada la “chakana” como un instrumento de organización.
Sentimos la necesidad, sin embargo, de desarrollar aun más el centro creativo e imaginativo de nuestro grupo y el uso de otros canales de información además del verbal.
Durante dos años nos reunimos con frecuencia en un espacio abierto y fluido que llamamos el “Chaupin”.
La idea de este sueño proyecto ha tomado vida propia y no sabemos exactamente hasta dónde llegará.
Desde este espacio comenzó un curso de formación para quiénes querían preparar el currículo de 5 años para la enseñanza de educación física interior-Relajamiento, Autoconocimiento y Desarrollo Personal (RAD).
También surgió la posibilidad de trabajar en equipo en la Pontificia Universidad Católica del Perú en un curso de la Maestría de Gerencia Social, “Liderazgo y Equipos de Alto Rendimiento”.
Por esta razón al chaupin y al sueño realizándose los llamamos “proceso creativo.”
Este es verdaderamente un hecho de comunidad –nosotros somos una tribu.
Todas las voces son importantes, todos los talentos necesitan ser reconocidos, y juntos estamos en la danza, en el flujo del río.
Estamos aprendiendo sobre diferentes cosmovisiones, aprendiendo que en el intercambio intercultural es importante escuchar y rescatar y valorar lo que estas culturas antiguas tienen para enseñarnos sobre los humanos en la naturaleza.
Sospechamos que el cuerpo es diferente en la costa, las montañas y la selva y es parte de nuestra investigación permanente.
Este es un proceso fascinante de una idea sembrada que se va germinando de maneras insospechadas.
Se siente como un nuevo nacimiento, una nueva primavera, como sucede, en estos casos, cuando los materiales y las personas y los acontecimientos que tienen que ocurrir suceden en el momento correcto y en el lugar adecuado de muchas maneras misteriosas y sincrónicas.
Lo más importante aquí es que no luchamos por el éxito ni estamos tratando de convertir esto en un producto de consumo, limpiamente empaquetado para el consumidor del mercado.
Estamos aprendiendo a confiar en el proceso creativo y ver adónde nos lleva, sin estar atados a algún resultado especial y sin apresurarnos antes de tener nuestros centros interiores más claramente definidos y nutridos entre nosotros mismos.
Confiamos que aquellos que verdaderamente se comprometen lo manifestarán mientras continuamos.
Ahora tenemos una escuela oficialmente inscrita en Registros Públicos, un registro de marca en Indecopi, una página web, materiales didácticos y varias generaciones de personas que se han formado en este enfoque. Recién nos centramos en un local, elaboramos cursos a distancia y ofrecemos breves cursos de formación en la comunidad.
Hacemos puente entre la educación y la salud, afirmando que podemos enseñar a la comunidad acerca de los creativos procesos curativos que todos poseemos para asumir el liderazgo creativo de nuestras propias vidas y cómo compartir este liderazgo con otros.
Nuestro enfoque se orienta hacia la salud integral preventiva y lo posible más que la enfermedad y cómo erradicarla.
Consideramos que somos líderes de una manera u otra de nuestras vidas, y que todos tenemos los recursos para cuidarnos mejor con una mejor salud. El estrés de la vida moderna, tecnológica y cibernética ha creado una epidemia en el mundo y este estrés debilitante afecta a más de 85% de la población mayor de 30 años y ahora comienza a afectar a la niñez y juventud de forma alarmante.
Sin pecar de omnipotencia, tenemos recursos que podemos enseñar a los niños, adolescentes, adultos y adultos mayores que pueden servirles para mejorar la calidad de sus vidas.
Si se permitieran, aprenderían a convertir el malestar en bienestar, el maltrato en buentrato, y juntos construiríamos un mundo más sano donde cada uno se cuida a sí, nos cuidamos entre nosotros y cuidamos al lugar donde nos instalamos, más allá de ambiciones y avaricia económica y posiciones políticas de poder.
Pretendemos compartir un liderazgo ecológico, creativo, curativo, democrático y sano, escuchándonos hacia adentro y afuera, convirtiendo los conflictos en oportunidades de aprendizaje.
Es una visión, es un reto.
El proceso de realizar un sueño no es lineal y siempre claro.
En mi caso tuve una visión hace más de 30 años de una escuela dedicada a trabajar con el cuerpo para la salud integral.
Había como un engranaje dentro de mi ser que me hacía saber que eso es lo que quería, que me calzaba, que era mi misión, mi propósito.
No entendí bien cómo hacerlo ni en qué direcciones me llevaría.
Pero la visión y su sensación se convirtieron en mi norte, mi ancla.
Cuando me confundía, cuando no sabía qué hacer ni qué dirección tomar, siempre regresaba a este pozo nutritivo del cuerpo, y de allí salieron nuevas pistas.
Cuando me preocupaba la cantidad de gente que vendría, el dinero, la justificación racional de lo que hacía, entraba en trompo y acepté situaciones que no siempre ayudaban a fortalecer el trabajo.
Pero cuando partía del corazón y la visión, y simplemente hacía lo que me fascinaba, las puertas se abrieron como por arte de magia y aprendí haciendo.
Había callejones sin salida a veces y vueltas en U, donde probé otras cosas que podrían enriquecer el trabajo pero que muchas veces me hacían entender que por allí no era el camino.
Claro que aprendí y apliqué lo pertinente para la investigación.
Muchas veces las lecciones tenían que ver más con mi propio desarrollo personal para fortalecerme, y como rebote, nutrieron a las Artes Somáticas.
Al probar algunos caminos aprendí acerca de lo que no quería hacer.
Ya no ponía más energía vital en ello para otra vez focalizar en mi propósito.
Muchas veces el camino hacia la realización del sueño era nublado y allí aprendí a tener fe, abrirme a lo que sentía y escuchaba adentro, a la intuición y la sincronicidad, y siempre con una actitud de “¿Qué me está enseñando esta experiencia y cómo la puedo aplicar a mi misión?”.
Siempre lo he leído y lo reafirmo en mi caso que lo más emocionante es el proceso en sí.
Los productos que salen como partos naturales de la experiencia valen mucho más que los ejercicios intelectuales sobre el proceso.
Aprendí que una vez que sale un producto, hay que celebrarlo, soltarlo y seguir adelante, sin aferrarnos al producto.
Tiene su propia vida.
Por eso no es perfecto ni acabado, es una obra en desarrollo.
Siento que la experiencia ganada en la elaboración y la práctica de este proceso ya me permite ser más sintético, ir al grano, trabajar con lo esencial de cada persona y cada grupo, a veces muy acertadamente y otras veces con esfuerzos fallidos.
Ya no me interesa tanto si les agrade o no a todas las personas que exploren este enfoque.
Deja huella y a veces los resultados surgen después de un largo tiempo. Parte de mi sueño es y ha sido siempre enseñar a los que participan cómo sentirse mejor y cómo usar sus recursos creativos innatos para vivir más armónica y placenteramente.
En un mundo que nos esclaviza y nos quita la libertad al convertirnos en hormigas de la productividad, donde el estrés enferma a tanta población, y donde el miedo es la emoción predominante, nuestro mensaje puede parecer irrelevante y de poca importancia.
No lo creo así.
Termino esta parte de mi reflexión afirmando que cuando tenemos un sueño que va realizándose, estamos acompañados siempre por fuerzas visibles e invisibles-no estamos solos aunque a veces nos sintamos así.
De alguna forma somos instrumentos, canales, vehículos por los cuales los sueños se realizan, se revelan a sí mismos.
Mis lemas han cambiado de “Suelta el Control” y “Confía” hacia “Si funciona, incorpóralo” hacia “Cuídate a ti mismo, Cuidémonos entre Nosotros y Cuidemos a este lugar y este espacio que vamos creando juntos.”
Para mí el proceso de investigación ha sido constante.
Tengo una idea, imagino cómo podría realizarse.
En el caso de las ASA, me pregunto cómo puedo aplicar esta idea con una dinámica o una exploración para que sea fácil de ejecutar, los pasos que habría que tomar para realizarla, y los resultados que quisiera poder lograr. Si es posible o factible, practico yo a solas o con otros antes de enseñarlo. Parto de la hipótesis que podré enseñar con más claridad y detalle lo que yo he experimentado antes y podré así entender diferentes reacciones en aquellos que la prueban.
La transición grande es convertir la idea en realidad y hacerla funcional. Esto puede significar anunciar la intención de la propuesta, armar una estructura básica para contener el proceso, y tener algunos interrogantes básicos que intento esclarecer a través de lo observado, sentido y escuchado de la experiencia de otros en comparación con la mía propia.
El enfoque se enriquece enormemente con la información que otros me dan desde su experiencia más que desde su análisis racional.
La investigación es creativa y abierta.
Se va armando por sí sola.
Un ingrediente que ha ayudado mucho a lo largo de estos años ha sido la disciplina de sentarme después de una experiencia realizada y escribir sobre lo que ocurrió.
Allí veo con claridad muchas veces que la idea original tomó caminos inesperados, sorpresivos, y a veces, desconcertantes.
Me ayuda a evaluar la efectividad o no de lo propuesto, hacer ajustes y probar de nuevo, más adelante, cuando el momento sea más propicio.
O construir sobre lo realizado hasta convertir la idea original en una serie de pasos aprendidos en el proceso mismo que la pueden esclarecer aún más. Construimos sobre una idea básica, volviendo a ella como ancla y espejo de lo que vamos aprendiendo.
Durante muchos años la tarea autoimpuesta de devolver a los grupos lo que hicieron, a través de mi filtro, ha servido como síntesis y memoria de un proceso abierto.
Para mí la tarea ha sido la constante búsqueda de hacer más funcional lo que comparto, que sea real y aplicable a la vida de los participantes si así lo desean, y armar un aprendizaje vital y creativo desde la experiencia vivida. La reflexión y la teoría vienen después.
Muchas personas buscan entender algo antes de vivirlo cuando la vida misma no es comprensible así- primero vivimos nuestras experiencias, aprendemos a funcionar lo mejor posible a través de ellas, y quizás más tarde entenderemos el significado de lo vivido.
Y muchas veces no tenemos claridad.
La investigación es básicamente una actitud de asombro, curiosidad e imaginación.
“Me pregunto cómo sería si…”
Por muchos años me perdí en los “por qué” infinitos de los acontecimientos. Ahora me pregunto “cómo es”, “¿cómo se puede cambiar, mejorar, tener más consciencia de lo que hacemos y los resultados que producimos?”
Requiere de apertura, honestidad y transparencia, ganas de practicar y aprender, y gratitud por lo realizado.
Cada pedazo, cada experiencia es parte de una trayectoria en la vida que se abre y se mejora, evoluciona si vemos todo el conjunto del proceso y no sólo la parte.
Por eso en EASA insistimos en la capacidad de sentir todo nuestro cuerpo, todo nuestro ser cuando realizamos exploraciones.
Este tipo de investigación es una obra en proceso de evolución, no una conclusión cerrada.
Lo aprendido se aplica al próximo paso del proceso.
En realidad, “el proceso” es un constante y no termina nunca.
Otra cosa curiosa-la investigación como proceso creativo tiene momentos en blanco, períodos de no hacer nada.
Son momentos de rumiar, ensoñar, imaginar y escuchar hacia adentro para recibir los susurros de la intuición para poder captar las chispas que podrían prender fuego a una nueva avenida de investigación.
Las inspiraciones vienen de muchas fuentes que nos rodean siempre pero que no atendemos muchas veces por estar demasiado ocupados en cumplir metas y parcializar nuestra atención.
Al escribir sobre todo este proceso siempre he buscado compartir de forma coloquial, divertida y reflexiva la experiencia vivida con el afán de regalar parte del proceso para animar a otros en sus procesos y no con el afán de lucrar con la investigación.
La vivo, la comparto y dejo que otros la analicen o prueben.
Las Artes Somáticas Aplicadas parte de dos postulados-somos seres espirituales y creativos viviendo vidas humanas y esta vida la gozamos, sufrimos, experimentamos en nuestro cuerpo que no es una máquina sino un organismo vivo en constante proceso de evolución.
Todo lo que hacemos, pensamos y fantaseamos afecta a nuestro cuerpo. Frente al reto de asumir responsabilidad consciente por nuestra vida y nuestra salud, muchas personas optan por el miedo, la inconsciencia y una vida cerrada y estresante, lo cual se traduce en un cuerpo más bien rígido, adolorido, tenso y poco sensible.
Las Artes Somáticas Aplicadas va contracorriente y ofrece una experiencia vivencial de trato amoroso, apertura y consciencia plena de lo que hacemos y sentimos para producir cambios que nos llevan hacia la salud, el bienestar y gozo – nuestro diseño original.
Es la práctica de la libertad y la diversidad.
Si podemos sentirnos en medio de la quietud y el movimiento, reprogramarnos de forma consciente hacia una óptima funcionalidad, nuestro organismo entonces se transforma de nuevo en lo que es su naturaleza – nuestro aliado, nuestro yo encarnado, vulnerable y fuerte, sensible y creativo.
Es el vehículo por el cual expresamos nuestros sentimientos, pensamientos y espíritu en la vida.
Nuestro enfoque es tranquilo con la atención puesta en el maravilloso y complejo mundo interno mientras prestamos atención a nuestras funciones vitales.
Si nos sentimos bien con nosotros mismos, nuestras relaciones con otros y el mundo cambiarán.
Fluimos en vez de estancarnos.
Creamos nuestro mundo y nuestra vida, activa y gozosamente en vez de someternos a otros y sus visiones pasivamente.
De repente se nos abren mundos por explorar e incorporar en nuestro ser. No es nada mágico sino real, práctico, palpable y asequible para todos.
Es un aprendizaje funcional.
Partimos desde una suave atención a nosotros mismos y cómo movemos para mejorar nuestras funciones básicas.
De allí entramos en el terreno de la expresión artística facilitada por la experiencia vivida.
Aprendemos a integrar lo racional y lo lúdico en nuestra sensibilidad.
Descubrimos que lo imposible es posible y lo ordinario es extraordinario, que todos somos artistas y líderes creativos en nuestras vidas.
Aportamos las herramientas y los participantes deciden libremente cuáles les sirven o no y así andamos más libres y abiertos por la vida como guerreros, visionarios, sanadores y maestros.
Cuando vuelvo a los orígenes de las Artes Somáticas Aplicadas, vuelvo al cuerpo como ancla y espejo de nuestro corazón y su sentir, al espíritu encarnado en nuestro ser.
Nuestro estado físico, mental, emocional y espiritual es de nuestra responsabilidad y es un lienzo sobre el cual pintamos nuestra vida.
Romper hábitos que nos limitan es encontrar la libertad de expresión, saber cómo crear cambio en nuestro organismo y descubrir cómo nos limitamos. Poder crear los cambios de sentirnos mejor y saber cómo buscar ayuda y cuándo no es permitirnos ser partícipes activos en nuestro bienestar.
Concentramos en el cuerpo como metáfora viva porque podemos sentirnos y aprender a mejorar nuestras capacidades al jugar y explorar con el movimiento y la quietud.
Activamos lo motor y lo sensorial al mismo tiempo.
Nuestra autoimagen vive una transformación y aprendemos como la maduración no significa claudicarnos.
En vez de envejecernos y dejar de funcionar, aprendemos a seguir aprendiendo; la vida se mejora en vez de deteriorarse.
Recuperamos fuerza, vitalidad y poder sobre nosotros mismos.
Es, de nuevo, la práctica de la libertad.
Así salimos de la mentalidad colectiva de ser víctimas débiles y asumimos el reto de movernos con gracia, flexibilidad y óptima funcionalidad en nuestras vidas, combatiendo el estrés enfermizo.
Tenemos caídas, momentos de flojera, pero una vez que aprendemos las lecciones, podemos retornar cuando queramos.
Eventualmente estas herramientas son una parte nuestra que es natural e incorporada.
Y así, cambiamos nuestra mentalidad frente a la vida y la enfermedad.
Es la práctica en vivo y directo de la salud integral.
El cambio esperado o inesperado, elegido o no elegido, crea olas adentro y alrededor.
Tenemos que aprender a ser corchos, que podemos flotar sin hundirnos, ser montañas sólidas, centradas y calmadas frente a todo que cambia de momento a momento.
Decir “no” cuando nos damos cuenta que hemos llegado al final de un aporte que ya no queremos hacer o que otros ya no quieren recibir.
A veces implica un salto al vacío antes de comenzar otra actividad. Reconocemos a veces que el camino elegido no es el camino del corazón y de nuestra pasión.
Sabemos que hemos aportado y aprendido pero que gastamos demasiado tiempo y energía en algo que ya es un peso, una carga y no nos nutre.
La decisión de salir de un cauce del río para encontrar otro produce tensión, resistencia, y chantaje emocional, a veces, de quienes se sienten abandonados.
En estos momentos son pocas las personas que nos podrían felicitar por nuestra honestidad o creciente claridad.
Pero son esas decisiones que nos llevan a los retos de nuestra vida, abriéndose y evolucionándose, o nos mantenemos estancados con miedo al cambio y desilusión con nosotros mismos.
Cuando hay duda, mejor optar por lo que nos da miedo o nos hace temblar en anticipación por el reto que se nos presenta.
Si nos lanzamos y descubrimos que no es el camino, podemos cambiarlo.
Está en nuestras manos.
A veces hay una tarea o un rol que se nos presenta y sabemos que podemos hacerlo.
Al aceptarlo y meternos en su proceso podemos darnos cuenta que la experiencia nos anima, nos hace crecer y nos sentimos bien.
O quizás que no, que no es lo que creíamos y que no desarrollamos nuestras habilidades y que las exigencias son más un peso que una oportunidad y alegría.
Mucho depende de la actitud que asumimos.
Hay algo en nosotros que nos guía y nos indica si es el camino correcto o no. Si sentimos que estamos postergándonos, que estamos haciendo algo para sobrevivir pero que no nos apasiona, puede matar a nuestro espíritu y nuestro cuerpo podría comenzar a mostrar una serie de síntomas que nos dicen, “cambia ahora o sufre.”
Si usamos nuestra inteligencia emocional, podemos hacer los cambios y transiciones sin suicidarnos, tomando pequeños pasos hacia lo que sentimos llamarnos más.
El momento de decidir y anunciar a otros, “ya NO voy a hacer esto más, NO va conmigo, he llegado a mi techo” va a producir reacciones muy interesantes en los otros afectados por el cambio propuesto.
Mi proceso en las ASA ha pasado por muchos momentos así.
¿El reto?
¿Cómo mantener buenas relaciones interpersonales y profesionales y a la vez seguir el camino propio, con fe, apertura, afirmación y libertad?!
¿Para qué sirven todos estos micromovimientos que hacemos en nuestras clases?
¿Para regresionar y sólo sentir placer?
¿Para ayudarte a descubrir tus límites y saber a qué atenerte?
No.
Es un proceso de aprendizaje en vivo y directo de cómo funcionar mejor, sin esfuerzo, soltar las tensiones inconscientes y sentir cómo todo tu ser mueve.
Tu autoimagen ya no se fragmenta sino se integra.
Sientes que ocupas tu cuerpo y que frente a un dolor o molestia, sabes cómo trabajar alrededor de la limitación, usar más de tu organismo de una forma óptima con una actitud de experimentación.
Te reorganizas en tu sistema nervioso, tu cerebro, tus músculos y tus huesos.
Óptimamente te reorganizas de forma consciente.
Te das cuenta de tu capacidad de efectuar cambios fáciles, placenteros y variados para mejorar la calidad de tu vida.
No es un ejercicio mecánico sino una lección en prestar atención.
Aprendes a discernir lo que haces porque si no sabes lo que haces, no puedes cambiarlo.
Es un aprendizaje integral para llevar hacia tu vida cotidiana.
La forma de aprender, paso a paso, ejecutar, sentir, modificar, sentir… sirve para tu forma de realizar actividades en la vida personal y laboral.
Te enseña a no quedarte con la lesión o el dolor, sintiéndote víctima indefensa.
Descubres lo que tienes que hacer para acomodarte aún más con lo incómodo.
Eso en sí es una actitud de libertad porque la incomodidad se volverá más cómoda con tu experimentación.
La mejoría vendrá por sí sola sin empujarte para conseguirla y sin tener que poner tu vida en manos de otros.
Tus limitaciones y malestares te enseñan y te dan mucha información acerca de cómo te cierras y te bloqueas.
Te enseñan cómo abrirte e incluir más de ti en tu mejoría funcional.
Como cada movimiento está conectado con todo el cuerpo, puedes elegir uno que sí puedes hacer y anclarte en él y buscar muchas otras formas de hacer el mismo movimiento hasta encontrar tu propia solución.
Puedes olvidar después pero la experiencia de haberlo hecho una vez te servirá para seguir probando vez tras vez hasta ya tener el autoconocimiento funcional incorporado en tu ser.
Y si has aprendido bien, de forma directa y sencilla, y has sentido conscientemente tu experiencia, podrás enseñarla a otros, usando tu cuerpo y tu experiencia como puntos de referencia.
Tener flexibilidad sin dolor, agilidad sin importar la edad, buena funcionalidad sin esfuerzo te permite ser más humano, más vital, más creativo en todas tus actividades porque sabes que cuando no te sientes bien, tienes recursos que puedes usar para volver en ti, de forma lenta, profunda, autoconsciente y placentera.
Es un tesoro que todos tenemos y pocos usamos.
Y no hay límites a la mejoría.
Tu cerebro sigue evolucionando, tu organismo también y no hay razón de creer que a cierta edad avanzada tienes que ser decrépito y rígido.
Es una creencia falsa basada en el no conocimiento de nuestro organismo vivo, funcional y siempre cambiante.
Sí, requiere de tiempo y espacio para prestarnos atención.
Es un tiempo y espacio bien usado porque nos permite centrarnos y seguir aprendiendo, día tras día.
Eso es una actitud de “sí” frente a la vida.
Cada uno es libre de elegir sus sí y sus no.
No es ser egoísta darse este tiempo y espacio.
Es amarnos a nosotros mismos, y sólo así, podemos genuinamente amar a otros.
En ese sentido aquellos que exploramos en las Artes Somáticas Aplicadas es un trabajo físico, mental, emocional y espiritual basado en el amor.
El eje de la somática, el cuerpo sentido desde adentro, es lo siguiente.
Si hacemos un movimiento y sólo prestamos atención al placer de movernos, tenemos una buena experiencia y nos sentimos mejor.
Quizás concentremos nuestra atención en la fluidez, la trayectoria, la flexibilidad.
Si hacemos un movimiento y prestamos atención a su conexión con todo nuestro ser, el aprendizaje es otro, quizás comencemos a tener más conciencia de cómo organizarnos para movimientos más funcionales, más eficientes, sin tanto esfuerzo con el trabajo compartido por todo el organismo y aprendemos cómo cambiarnos en TODO nuestro ser.
Si hacemos un movimiento lentamente y prestamos atención a las contracciones y su lenta soltura, suavizamos los músculos y sentimos una mayor fluidez en lo que hacemos, aprendiendo cómo soltar músculos tensos y adoloridos, lo que permite más libertad y mayor eficiencia en nuestras vidas.
Aprendemos cómo el centro del cuerpo afecta a la periferia y las extremidades y cómo la periferia del cuerpo está conectada con el centro. Aprendemos a sentirnos desde adentro y aceptar que somos dueños de nuestro ser y que el autocuidado no es narcisismo, egocéntrico ni un escapismo de la realidad sino que es la práctica del amor y la libertad. Aplicamos lo que aprendemos a nuestras vidas cotidianas y a pesar de perder el hilo a veces, con la práctica consciente, lenta y concentrada, con paciencia comenzamos a integrar estas herramientas como una forma natural de vivir conscientemente.
Sólo cuando sabemos lo que hacemos y cómo lo hacemos podremos cambiarlo y mejorarlo.
De esta forma descubriremos que la caja torácica es en realidad una canasta de bambú flexible y no una estructura rígida.
Nos daremos cuenta que los movimientos se originan en la pelvis y fluyen a través de la canasta torácica al resto del cuerpo.
Aprenderemos que la respiración influye en el movimiento y viceversa.
La canasta torácica está entre la pelvis y la cabeza, todo conectado por la columna vertebral.
Al descubrir cómo repartir el esfuerzo del trabajo muscular a través de todas las articulaciones, es probable que descubramos que los dolores se aminoran y desaparecen y nos sentimos rejuvenecidos y en equilibrio de nuevo, funcionando óptimamente.
La Escuela de Artes Somáticas Aplicadas ya existe.
Está dirigida y dinamizada por sus colaboradores.
Se abre hacia la comunidad en un intercambio constante entre participantes y actividades ofrecidas.
El sueño sigue evolucionando.
¿Qué es lo que nos enseña?
Los sueños parten de una idea.
La semilla germina y crece.
Con la ayuda de muchos cuidadores, crece sanamente.
La vida se encarga de la ruta y las sincronías.
El proceso sabe adónde tiene que ir.
Los sueños se convierten en realidad.
Gracias por ser parte del nuestro!