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Griselda Tello: “Vida y Muerte. Un acompañamiento y reflexión desde las Artes Somáticas Aplicadas®”

“Vida y Muerte. Un acompañamiento y reflexión desde las Artes Somáticas Aplicadas®”
Griselda Tello

Dedicado a Genoveva

Gracias a Juan,
Tomás, Lidia, Mónica, Sergio
Rebeca, Eduardo, Raimundo
Rosa Urday
Clara

Gracias a mis compañeros de viaje por la Magia y Vivencia del Cuerpo Creativo:

Alicia Rocha, Armando Millán, Cecilia Cosamalón, Fanny Mora, Florci Aguayo,
Gisella Mindreau, Haydeé Ruiz, Lidia Elías, Mónica Newton

El acto de Morir

Así es morirse…..
Una sensación de hacerse más liviano, expandirse, flotar libremente
Para algunos les toma un suspiro único, sin costuras
Para otros es un ascenso más gradual.
Cualquier forma funciona. Ambas sorprenden al corazón
con una alegría inesperada, ambas nos llevan a
donde estamos yendo.
Pero una inmensa ironía separa a los muertos de los que están vivos
un efecto espejo en el espacio.
Las cosas no son lo que parecen
cada etapa del cuerpo cerrándose libera algo por dentro
cada manifestación exterior de la muerte es acompañada
de una creciente y expansiva vitalidad interior
En el proceso de la muerte, como en la meditación,
cuanto más profundo llegamos,
nos volvemos menos definibles,
y nos sentimos más reales.
La inmovilidad es el primer signo exterior de la muerte,
pero al ir disolviéndose el elemento de solidez
surge una sensación de ser ilimitados
mientras el dolor desaparece convirtiéndose en libertad de movimiento.
Es como quitarse un zapato que era muy pesado
luego el sistema circulatorio deja de funcionar,
cuando el elemento fluido se retira con la fuerza de vida que sale
se apertura internamente una sensación de creciente fluidez.
el sentimiento de ser más un océano que un caldero.
El cuerpo se enfría cuando el elemento fuego converge en el corazón
y sale por la parte superior de la cabeza.
Se siente una ascensión, una fuerza que jala hacia arriba
como el calor que emite una carretera recalentada por el sol,
Finalmente, el cuerpo se vuelve rígido y parece más mármol que piel
cuando el elemento aire desaparece en el espacio,
cuando la levedad se expande hacia algo más leve aún
Al pasar del morir a la muerte
una expansión sin fronteras
de posibilidades ilimitadas
continúa en el proceso interior
Dejar nuestro cuerpo es como mirar derretirse un cubo de hielo
perdemos nuestra forma definida
al retornar a nuestro centro fluido y evaporarnos en el aire
expandiéndonos para llenar la habitación invisible y por siempre presentes
Así como el cubo de hielo pasamos por enormes transformaciones exteriores
pero nuestra esencia permanece inalterada
Lo que alguna vez fue el cubo de hielo aún sigue siendo totalmente H2O
Y todavía somos la inmensidad innombrable
Morir en la muerte es como eso
La muerte es en suma otra materia
De cualquier manera, como dice Ondrea,
La vida es la forma de ser más densa.

Steven Levine

Introducción
Acompañar a una persona en su proceso de morir y muerte nos coteja con una de las grandes inquietudes del ser humano, qué es la vida, qué es la muerte, qué es estar aquí y en otro momento ya no estás, aparentemente queda un espacio vacío, solo un silencio. Durante el 2003, mientras estudiaba el cuarto año de formación “Magia y Vivencia del Cuerpo Creativo”, tuve la suerte de acompañar a mi padre en su proceso de muerte a la edad de 87 años ocurrido el 02 de octubre de 2003. Me propuse acompañarlo ayudada con las Artes Somáticas Aplicadas (ASA), para proporcionarle y proporcionarnos amor y paz, con una actitud abierta a lo inesperado y desconocido. ¿Qué tiene las ASA para ofrecer a un moribundo y su familia? Esta es la pregunta que guía esta investigación, basada en la experiencia vivida en la relación padre – hijas – familia, y en los testimonios de las personas acompañantes.

Parto del supuesto que las ASA tienen algo que ofrecer a una persona en su proceso de muerte y su familia, y que se complementa muy bien con el tratamiento médico de la enfermedad. Las ASA trabajan con el cuerpo tal como lo sentimos desde adentro, la respiración, las sensaciones corporales interiores, las emociones, las imágenes, los recuerdos, el movimiento, etc. Todos ellos sentidos, desde el aquí y el ahora, en el presente. Su aplicación es un proceso creativo que exige conocimiento de los recursos que posee el ser humano para desde allí explorar y aliviar dolores y tensiones, usar la intuición para abordar adecuadamente la situación presente, además de mucho amor por el otro y la vida. Podríamos decir que su enfoque, parte desde el cuerpo pero abarca todo el ser humano.

El objetivo específico de la experiencia ha sido acompañar en plenitud de conciencia a mi padre con una actitud de apertura a lo que surge en el proceso de su enfermedad terminal y muerte, facilitando el uso de sus propios recursos corporales en el alivio de su dolor y malestar, disminución de facultades motrices y canalización de las emociones, y cuidando la integración de su cuerpo, mente y espíritu. En suma, acompañarlo con cariño a cerrar su paso por esta vida, y apertura de una nueva.

Aquí revisaremos cuál fue el resultado de esta experiencia, y reflexionaremos qué mensajes aporta. En principio, debo manifestar que no fue fácil realizar el papel de hija y a la vez de facilitadora de artes somáticas para un caso como el de mi padre, una y otra vez recurrí al recurso de la respiración para tener la tranquilidad necesaria que la situación demandaba. Además, conté con el apoyo de mi propio padre, mi familia, mis amigos, y mi curso de formación ya citado. Empezar a escribir estas notas, a los tres meses de su muerte, fue un poco difícil. No me sentía con fuerzas [1]. El primer paso que di, fue volver a escuchar el mantra de Guru Ram Das [2] que lo acompañó a mi padre y a la familia durante sus últimos tres meses de vida, y poco a poco algo empezó a desatarse y fluir, y hoy tengo vivo interés en compartir estas notas.

I. Los Hechos

Mi padre fue diagnosticado de mesotelioma maligno en el 2001, cuando tenía 85 años. Dada su avanzada edad, sus hijas decidieron no someterlo al tratamiento químico para combatir la enfermedad, solo tuvo dos intervenciones quirúrgicas para extraer el agua alojada en el pulmón derecho y facilitarle la respiración. El tratamiento médico consistió en los cuidados paliativos para preservar su calidad de vida en su proceso de muerte. La fase final de su enfermedad y muerte duró cuatro meses.

¿Quién era mi padre? Era una persona tranquila, cuidadosa de su alimentación y vida sana [3], reservado con sus dolores, amoroso con su familia, muy servicial (a veces olvidándose de sí mismo). Durante dos décadas de su vida, se las ingenió a su manera para controlar sus esfínteres, cuya función las perdió en una mala operación de próstata. Siempre fue muy hábil con las manos, creando soluciones prácticas para las cosas de la vida diaria. Le encantaba la lectura y cantar con su voz sonora. Hace cuatro años que había acompañado en su proceso de muerte a su esposa (mi madre, con quien vivió más de 50 años), y hace tres que hizo lo mismo con su hijastro (mi hermano mayor). Cuando se quedó solo, no quiso ir a vivir a ninguna de las casas de las hijas, su tranquilidad estaba en su casa con sus cosas.

¿Quién soy yo? Una persona casada, con dos hijos veinteañeros, que vive con su marido más de treinta años, ha estudiado y trabajado toda su vida en lo que le gusta. Desde hace cuatro años, gracias a su formación en artes somáticas, transita por la vida con un proceso de resensibilización corporal, toma de conciencia de la sensación corporal interior y el movimiento consciente, que unas veces me introduce a lo más profundo de mi ser interior alegre y feliz, y otras me encara mi vulnerabilidad para aceptarme tal y como soy, camino a mi ser auténtico. Estoy sorprendida de las luces y sombras del mundo interior, los personajes que representamos, los diversos tipos de fronteras en la relación con el otro, y los muchos recursos interiores que tenemos y que no los usamos por miedo a la vida.

Puede decirse, entonces, que la vida me ha regalado la oportunidad de penetrar más en ella con estos dos procesos en paralelo (que progresivamente están siendo conscientes para mí): la vida y la muerte de uno de mis ancestros y mi educación en artes somáticas.

 

El Tratamiento Médico
Mi padre fue paciente del Departamento de Terapia del Dolor del Centro Médico Naval, donde una maravillosa mujer lo guió y lo atendió, la Dra. Rosa Urday. Ella y su departamento le proporcionaron los Cuidados Paliativos a su cáncer terminal a fin de tener “CALIDAD DE VIDA – DIGNIDAD DE MUERTE”. Ella le decía a mi padre “José María, el hospital te está dando todo lo que en este momento te puede brindar: los cuidados paliativos”. El paciente terminal de cáncer no necesita quedarse en el hospital, es mejor que pase el tramo final de su vida rodeado del calor y atención de su familia. Claro que la familia debe organizarse, aprender cuidados básicos del paciente, mucha limpieza, prodigar ambiente tranquilo, comida sana, administración pulcra de sus medicamentos del dolor, PORQUE EL PACIENTE NO DEBE SENTIR DOLOR.

La prescripción médica básica consistió en medicamentos para el control del dolor y cuidados básicos de enfermería para un paciente en cama [4], la dieta diaria era muy rica en proteína, minerales, vitaminas, etc. [5]. La atención diaria fue administrada por la familia, el cuidado cercano fue hecho por Clara Alburquerque, una mujer intuitiva, fuerte y trabajadora, alternando con los miembros de la familia. En todo momento, se trató de seguir muy prolijamente todas las pautas médicas, acompañadas de “un sexto sentido de las cosas”.

II. Las Artes Somáticas En Acción

- Presencia Amorosa
El acompañamiento amoroso, atento, minucioso, equilibrado, abierto, organizado es la regla de oro para cualquier ser humano, y con mayor razón cuando éste transita su proceso de muerte. En todo momento, se procuró acompañar de esta manera a mi padre. Nada de pesares, conflictos sin solución frente a él. Por el contrario, paz, tranquilidad, atención y transparencia en la comunicación sobre lo que iba aconteciendo. Mi padre y toda la familia conocieron y siguieron el proceso de la enfermedad desde el inicio al fin. Aquí la ayuda de la Dra. Urday fue invalorable.

Se montó un circuito de comunicación con la familia ausente físicamente (mi hermana y su familia residen en exterior), mi hermana Genoveva conversaba por teléfono permanentemente con él, y eso los ponía muy feliz a las dos, “su hijita chiquita estaba trabajando, logrando su futuro y el de su familia”. Ella, metafóricamente hablando en términos castrenses, “estaba de guardia” cumpliendo su deber. Aquello estaba tácito, en la relación familiar.

Manteníamos alegres y cortas conversaciones sobre la familia y las anécdotas del pasado. Él estuvo atento a los gastos y manutención de la casa, sus documentos, ropa, etc. hasta donde pudo. Cuando estaba abierto hacia los demás, escuchábamos canciones de diferentes etapas de su vida. Cuando se cerraba debido a sus dolores y malestar general, escuchaba mantras. Flores, fotos, cuadros a su alrededor, alfombra para protección del frío e inciensos llenaban su habitación. Ningún espejo a su alrededor, por prescripción de su médica.

Realmente, mi padre contó con la presencia amorosa de muchas personas, sus dos hijas, sus hijos políticos, sus nietos, familiares, incluso desde el exterior del país, los vecinos y amigos.

¿Cómo puedes acompañar a un ser querido que sabes que va a morir, sin quebrarte? Ese fue un trabajo personal, que alcanzó también a quienes se vinculaban frecuentemente con él. Aquí la tensión se produce entre tu ego y lo que él quiere, y lo que quiere y necesita el ser que se está muriendo. Pensamientos tales como, “ya jamás lo veré”, “ya no estará más presente”, “ya no habrá más alguien que te diga: ¡hijaaaa!”, son razonables y surgen de uno mismo. Para que estos pensamientos no perturben la relación, la práctica es centrarse con la respiración hasta que ésta se aquiete, entonces no hay tiempo ni espacio, ni antes ni después, es solo presente, y la relación surge desde tu corazón. Sólo escuchas lo que tu enfermo quiere sin interferir, y le brindas lo que tienes para brindar: amor a tu ser querido.

 

- El acompañamiento en silencio y la comunicación no verbal
Es un arte guardar silencio cuando se le necesita, y una maravilla cuando las palabras exactas llegan a tiempo. En el proceso de morir se practica ambas no siempre con éxito. Mi padre antes de enfermar era una persona conversadora, aunque se guardaba muchas de sus observaciones críticas hacia los demás. Cuando enferma, guardaba sus fuerzas para comunicarse verbalmente por teléfono con su hija, o con algún familiar visitante, antes de que la respiración se agite, o sobrevenga la tos. Siempre comunicando aliento, evitando preocupar a los demás. A medida que la enfermedad avanzaba, llega la etapa de los grandes silencios. Se cerraba sobre sí mismo, miraba a su alrededor sin decir nada, como si estuviera ausente. Nunca pudimos saber a fondo qué sentía o pensaba durante dichos estados, aprendimos a guardar silencio durante esos momentos y procurar que esté solo. Como que era un quehacer intenso personal, de uno consigo mismo, la vida y el infinito.

Sin embargo, desde su lecho de enfermo era un fino observador de los mensajes no verbales de los demás, y cuando encontraba una discrepancia entre la palabra y el lenguaje corporal, a su manera lo hacía saber. El miedo a la muerte nos vuelve torpe en la comunicación con el moribundo. No sabemos qué decir, a dónde mirar, si lo tocamos o no, cuánto tiempo estar con él. Yo solo puedo testimoniar que mi padre quedaba profundamente agradecido cuando recibía una visita o llamada por teléfono, y luego de contar cómo estaba acerca de su enfermedad, pasaba a charlar sobre cualquier tema en la medida que sus fuerzas lo permitían. Cuando estaba pésimo, bastaba una breve presencia o comunicación telefónica, aunque él no hablara.

 

- Respiración suave y profunda
Los principales síntomas de su enfermedad estaban relacionados con la respiración y los pulmones (dificultad en la respiración, acceso de tos, “gruñido del pecho”, cansancio, etc.), y eran controlados con medicamentos específicos, nebulizaciones y poco movimiento corporal. Por ello, la invitación a la respiración suave y profunda tenía que ser cuidadosa, y usualmente lo hacíamos acompañada del contacto seguro, música mantra o música ancestral de la selva. Inspirar lentamente, espirar lentamente y quedarse un rato en la pausa. Luego continuar, y así sucesivamente.

“¿Qué inspiras? Aire, aire es vida, para tu bienestar aquí y ahora. ¿Qué espiras? Aire caliente, cargado, doloroso. ¿Cuál es tu pausa? La pausa de estar tranquilo, gozoso con lo que más te gusta, no existe el tiempo.”

 

- Contacto seguro
Cuando percibía que necesitaba cariño silencioso para aliviar su malestar, colocaba las manos sobre la parte afectada de manera muy suave y segura durante 10 a 15 minutos. No necesitaba pedirle permiso, ya lo esperaba. Mis manos procuraban sostener el costado derecho del tórax, de preferencia directamente sobre la piel, como si le ayudara a cargar su dolor. El resultado era que se establecía una relación de complicidad entre él, la zona afectada y yo. Como que el dolor compartido es menos doloroso. Surgieron momentos en que, mientras tocaba su tórax y sentía en mis manos la forma del tumor, iniciaba una conversación imaginaria con esa parte, y le decía: “ya sé que estás allí, te pido que te quedes tranquilo”, “finalmente comprendo que eres una parte del cuerpo de mi papá, te has enfermado, te sientes mal, pero así te queremos”.

 

- Masajes a las articulaciones y tendones
Conforme mi padre fue perdiendo las facultades de caminar, estar de pie, sentarse, fuimos aplicando diariamente masajes a las articulaciones, los tendones y los músculos.

La sesión de los masajes empezaba a media mañana (o a media tarde), tendido en la cama, muy relajado y en silencio o con música (según su estado). Unos días eran dedicados a la rotación de dedo por dedo, en micromovimientos de cerca de un minuto por dedo, para luego continuar con el movimiento de rotación de todo el pie, tobillo, pierna, rodilla, cadera, tórax, dedos de la mano, mano, muñeca, codo, brazo, hasta terminar en la cabeza. El paso por la zona del tórax y toda la parte superior del cuerpo era muy suave y ligero, movimientos bruscos le provocaban tos y dolor.

Otros días, estaban dedicados al movimiento de cada articulación de los dedos del pie, tobillo, rodilla, cadera, dedos de la mano, muñeca y hombros. Para efectuar estos micromovimientos se procuraba aislar cada articulación, a fin de asegurarnos que efectivamente se movilizaba la articulación y no el dedo entero.

Y una tercera variante, estaba dedicada al masaje muy suave de los músculos de cada dedo del pie, pierna, muslo, tórax, dedos de la mano, brazos y antebrazos. El masaje de cada planta del pie se realizaba aplicando presión con la yema del dedo gordo de la mano derecha sobre la zona del nacimiento de cada uno de los dedos del pie, siguiendo una línea imaginaria hacia el talón [6]. El masaje de los músculos de los hombros, espalda, cuello, cabeza y cara era en posición de sentado.

El resultado casi siempre fue exitoso, quedaba profundamente relajado y dormido. Al despertar, cuando no tenía dolor, miraba la hora y la lista de los medicamentos que le tocaba y contento pedía sus alimentos. Este recurso es ampliamente estudiado por la reflexología [7].

 

- Activación del campo de energía corporal o limpieza del aura
El ser humano posee un campo de energía (aura) que alcanza un radio de acción mayor al cuerpo. Por ejemplo, puedes sentirla si colocas las palmas de la mano, muy cerca, una frente a la otra, y lentamente las separas, hasta que después de varios movimientos de apertura y cierre empiezan a calentarse y/o sentir cosquilleo en ellas, y en tu cuerpo.

Cuando sentía que mi padre y el ambiente estaban densos (no puedo explicarlo con palabras), de manera espontánea y en silencio unas veces, y otras cantando (o soplando) acompañada de incienso, acercaba mis manos al contorno de su campo energético (sin tocar su cuerpo) hasta sentirlo en mis palmas. Entonces con movimientos suaves y envolventes recorría los bordes de dicho campo, empezando en la cabeza y terminando en los pies. Ni bien había terminado, mi padre ya había conseguido un sueño profundo y apacible. Abría la ventana, para estimular la recirculación de la energía. Mis manos quedaban muy calientes y pesadas, entonces simplemente las sacudía.

 

- El poder de la oración
Mi padre fue una persona muy religiosa desde su infancia hasta su juventud. En la adultez se distancia de ella, porque para él, había un “Dios injusto” y “una Iglesia sin compromiso” que hace muy poco por el dolor y sufrimiento de la niñez abandonada.

Un buen día, en las últimas semanas de su vida, se acercan espontáneamente a su lecho de enfermo dos grupos de vecinos de diferentes confesiones religiosas (cada uno por su lado), que le llevaron la oración. Él recibe cortésmente la visita. Luego, ellos con cantos y oraciones durante varios días harán que mi padre “acepte a Dios en su corazón”. Los grupos religiosos llegaron a él, cuando los síntomas de la enfermedad eran muy intensos, dormía muchas horas, pasaba momentos alterados de conciencia, comía menos, el pecho le sonaba, su cara había cambiado de color, la piel parecía transparente, hablaba por momentos con dificultad, la zona del tumor le quemaba.

Al aceptar a Dios, bendecir el agua y los alimentos, se suscitaron días tranquilos, incluso un día no tomó ningún medicamento para el control del dolor, y pidió más comida. Podría decirse, que se fue de esta vida en paz con Dios. El universo le retornó la oración en el último momento de su vida.

Yo no tuve la suerte de participar activamente en estos rituales, pero desde el proceso de acompañamiento a la muerte, estos gestos venían a mí como la hermandad de la humanidad (no me interesó tanto de qué religión eran, ni como se llamaba su Dios); y lo más sorprendente para mí, fue que procedía de gente muy pobre que no conocíamos.

 

- El arte del cierre
Durante las últimas semanas de su proceso de muerte, cuando siente que lo llama la voz para iniciar una nueva vida, mi padre empieza a repasar en estado alterado de conciencia etapa por etapa su vida, como si la sintiera en el momento. Y, en ocasiones, los recuerdos del pasado le llegaban a través de los sueños. Asimismo, él era el único que veía y sentía niños jugando a su alrededor, velos y diversas personas y objetos en la habitación. Dichos estados de conciencia se combinaban con estados de completa lucidez. Él se despidió de los familiares y de la casa, y decía que a ese viaje tenía que ir solo. Supuestamente, todo estaba preparado [8] para que él muera en casa, pero por sucesos inesperados, él lo haría en el hospital de la institución que más quería, la Marina de Guerra del Perú.

Mi padre siempre estuvo agradecido de la vida, el “camino del héroe” detrás de su destino en esta vida le costó mucho, pero tuvo grandes recompensas, una vida sencilla, hogareña, al servicio de los demás. Él quería vivir hasta los 100 años. Murió como vivió tranquilo, acompañado de sus seres queridos. Dio su último suspiro, cogido de la mano de Rebeca (mi sobrina) y yo (que a su vez soplaba como un susurro queriendo ser canto).

El ritual del velorio, la cremación, la misa de honras fúnebres y la escritura de este propio documento son parte de este cierre también.

Con las Artes Somáticas Aplicadas aprendí que el cierre es muy importante, la vida se recicla constantemente, es parte de su dinámica. No puedes detener ese proceso, quedarte enganchado al pasado por temor a lo que vendrá, es negarse a vivir.

III. Reflexión sobre la experiencia

¿Qué nos enseña esta experiencia?

  1. Cambios en las sensaciones corporales interiores e inmovilidad anuncian el final
    Haciendo un balance del proceso de su enfermedad y muerte, el primer indicador que mi padre tuvo acerca del avance de su enfermedad, fue la creciente dificultad respiratoria y la sensación de dolor focalizada y malestar general – aun cuando controlados-. Ambas, acompañadas de la pérdida de sus facultades motoras para caminar por sí solo e ir al baño, le anuncian que el final había comenzado [9].Durante estos días, yo me preguntaba por qué tenemos que irnos así de este mundo, poco a poco disminuidos físicamente, ¿acaso no hay otra manera de morir? Pero desde la perspectiva del ser que muere, dichas sensaciones corporales lo preparan para explorar la grandiosidad de la vida, y lo que vendrá. Porque cuando estamos sanos no valoramos la capacidad de estar de pie, sentados, echados, arrodillados; ni lo maravillosos que son nuestros pies, piernas, manos, dedos, ojos, etc. Las sensaciones de dolor y la inmovilidad hacen que mi padre tome conciencia de que ya estaba en el proceso final, el cuerpo físico no respondía.
  2. La medicina y las artes somáticas aplicadas acompañando al moribundo
    Para las ASA, el dolor es el vehículo de exploración de lo que te aflige en tu ser interior, y a la vez, al estar en conciencia de él, es el que te abre la puerta para sanar. Para una persona con cáncer terminal, los dolores invariablemente son muy fuertes e insoportables, y la medicina trata de controlarlos a fin de que el paciente no sufra, preservando su calidad de vida.En el caso de mi padre, el dolor se pudo controlar medianamente [10], alternando momentos cortos de dolores fuertes (en la escala de 1 a 10, llegó a 8), con estados de malestar general (una especie de dolor que no se sabía dónde se alojaba, y que duraba varias horas en el día), y momentos de tranquilidad (que se repartía por varias horas en el día).

    Si el consumo de un componente químico y los cuidados paliativos médicos lo ayudaron a controlar el dolor, ¿qué papel jugó ASA en su proceso de morir y muerte?

    • A facilitarle el uso de sus propios recursos corporales disminuidos para transitar por el dolor, la inmovilidad corporal y las emociones.
    • A sentirse tranquilo, atendido y acompañado amorosamente, especialmente en los momentos críticos (llegando incluso hasta engreírse, actitud que desconocíamos en él). El nacimiento como la muerte es un hecho vital individual y a la vez profundamente social, que teje redes invisibles sin explicación.
    • A sentir confianza, que allí estábamos presente, que somos su continuación, y que él se iba a un viaje, donde tenía que ir solo.
    • A cuidar los momentos de intensa relación consigo mismo, y cerrar las diversas etapas del proceso de la muerte, hasta el morir propiamente dicho, y la pos muerte.
    • A perderle miedo al proceso de morir y la muerte, reflexionar sobre ella y dar lectura al mensaje corporal de la muerte.

    Con la plenitud de conciencia del ser que acompaña amorosamente al moribundo, la capacidad de escuchar se amplía, escucha dentro de sí, y escucha afuera. Se produce una comunicación integral y compleja, que involucra varios planos del ser, y de la vida. Una conciencia de estar presente, un diálogo con palabras exactas y abundante comunicación no verbal. A la vez, una conciencia de que algo se va, se cierra y algo nuevo se abre.

    Con el estímulo de la respiración suave y profunda, la respiración dificultosa se atenúa, y un nuevo momento de tranquilidad corporal, emocional y espiritual se abre.

    Al estimular todos los sentidos, se siente y se escucha con la piel, la música transporta, los colores iluminan, los olores y sabores hacen remembranza, entre otros múltiples efectos de interconexiones corporales, emocionales y espirituales. Si el ser humano sólo tomará más conciencia de sus sentidos, tendría tanto dentro de sí que habría menos infelicidad y más creatividad para la vida y para la muerte.

    Con el contacto seguro, la relación del uno con el otro se extiende más allá del raciocinio, surge una comunicación corporal, una complicidad para acompañar el dolor, no estás solo en tu sufrimiento. Y la parte corporal afectada, por fin es atendida. ¿Desbloqueada? No lo sabría decir. Pero deja su mensaje, especialmente para la siguiente generación.

    Al masajear y estimular con micromovimientos músculos, tendones y articulaciones, no sólo se alivia los malestares producto de la inactividad del cuerpo, sino que se estimula las funciones cerebrales. No en vano la sabiduría ancestral china, ha creado un mapa corporal que deja ver que el cerebro está presente en todas las partes del cuerpo. En el caso de mi padre, sus funciones vitales marcharon con relativa regularidad habitual, siempre conservó su lucidez, y el repaso de su vida en estado alterado de conciencia lo hizo como quien “surca el mar con su bote y sus remos”, solo y confiado frente a la inmensidad de la vida y de la muerte.

    Al activar el campo energético del moribundo, limpias el aura como hacen las culturas ancestrales con sus enfermos, él no se sana pero queda tranquilo y liviano para estar consigo mismo. Igualmente, ocurre con la familia. No puedo explicar científicamente como sucede este fenómeno, solo testimonio el bienestar en el moribundo.

    Con la oración, se hace presente una fuerza espiritual que alienta al moribundo y su familia, y le otorga paz. Al final de sus días, mi padre ya no discrepó con Dios, simplemente lo recibió. Ya no decía: “la Capitanía del Callao me llama para que me presente” (como en las fases anteriores de su proceso de muerte), sino que Dios lo llamaba por su nombre para que vaya al cielo: “¡José María Tello López, preséntese¡”. Entonces, cuando entró por última vez (un día antes de fallecer) a la sección de Emergencia del hospital y lo llamaron en voz alta por su nombre completo, él dijo: ¡¡Presente¡¡

    ¿Qué queda pendiente entre la Medicina y las Artes Somáticas Aplicadas para la atención del ser humano en su proceso de morir? Primero, mayor integración entre los Cuidados Paliativos para preservar la “Calidad de Vida – Dignidad De Muerte” del paciente terminal y las otras especialidades de la Medicina. Cada especialidad está encerrada en sí misma, falta escucharse entre ellas. Segundo, trabajar la articulación entre los Cuidados Paliativos Médicos (terapia para combatir el dolor) y las Artes Somáticas Aplicadas para la atención integral del ser humano frente a la vida y la muerte.

  3. El dolor y el mensaje del lado derecho del cuerpoMuy frecuentemente, aparte de mantener contacto seguro con la zona del pulmón derecho, también contactaba su brazo derecho, el talón derecho, la pierna derecha, o con su cabeza, con el fin de descargar el malestar de esas partes del cuerpo. El lado derecho, siempre fue el más afectado de su ser. Incluso, desde muy joven, le salió un juanete grande en el pie derecho, que muchos médicos deseaban operar. Sin embargo, es el pie y la pierna derecha los que resistieron hasta el final el peso de su cuerpo, cuando con grandes sacrificios se erguía para mantenerse de pie.

    Tomo conciencia de estos hechos y me pregunto qué tiene que decirme el lado derecho del cuerpo de mi padre. Y encuentro que el costado derecho del cuerpo recibe el nombre de naturaleza Yang, “refleja nuestra relación con la propia naturaleza masculina, ya sea en el plano interno, en el mundo de las relaciones sociales o respecto a las figuras masculinas presentes en nuestra vida, como el padre, un hijo, el esposo o el novio”[11]. Los problemas con esta parte del cuerpo en los varones pueden representar un conflicto en el orden de cosas anteriormente mencionado.

    Mi padre, según la historia de su vida [12], corresponde al tipo de personas que comúnmente se dice que “se hizo solo”, “no tuvo padre”. Él nunca vivió con su respectivo padre (sólo lo vio en contadas ocasiones, a pesar que uno y otro sabían dónde encontrarse), su infancia transcurrió al lado de su madre, desde los 8 a los 14 años sale a trabajar y estudiar a otra casa, a los 15 regresa a la casa materna, para luego irse definitivamente de ella a los 17 años cuando la madre fallece. ¿Qué imagen de padre puede construirse en medio de esta danza? En su infancia está rodeado de mujeres solas, sufridas, cargadas de hijos, que son padre y madre a la vez. Las imágenes masculinas cercanas son las de aquellos “padres de familia” casi ausentes de casa, “salen a trabajar y regresan muy tarde, porque trabajan”. Llegan y descansan “porque trabajaron mucho”, y también porque bebieron mucho alcohol.

    En consecuencia, su masculinidad se construyó con un padre totalmente ausente física y afectivamente. Él se hizo responsable de sí mismo desde muy corta edad, adquiriendo recursos resilentes en su familia extensa, en su barrio pobre, en su trabajo de niño. Aprende a reprimir sus dolores, a ser servicial para congraciarse con los demás y ser aceptado; el trabajo, el fútbol y la lectura serán su pasión. Al casarse, lo hace con una mujer de carácter fuerte, con quien continuará por más de cincuenta años, desarrollando las mismas características.

    Pero, aún hay más, ¿por qué enferma de cáncer y es el pulmón derecho en ser el primer afectado?

  4. El mensaje del cáncer del pulmón (una interpretación)De acuerdo con la literatura que relaciona el cuerpo con la mente [13], las células cancerígenas se desarrollan constantemente en el cuerpo, pero en condiciones normales son destruidas por el sistema inmunitario. El cáncer se produce cuando el sistema inmunitario se debilita e ignora las células anormales del cuerpo, que proliferan entonces sin control alguno. ¿Qué es lo que altera este proceso de modo que las células resulten perjudiciales? ¿Acaso el cuerpo se ha acostumbrado tanto a la anormalidad en el plano de las pautas y actitudes de pensamiento, que ya no reconoce la diferencia cuando esas pautas metales se convierten en malignas? El cáncer parece ser consecuencia de muchos años de conflicto, culpabilidad, dolor, aflicción, rencor, confusión o tensión internos que envuelven aspectos profundamente personales. Está vinculado a sentimientos de desesperación, inadecuación y auto-rechazo. Incluso se ha llegado a denominarlo el “suicidio aceptable”. Es como si los resentimientos o conflictos profundamente arraigados empezaran a nutrirse del propio cuerpo.

    También existe una teoría que afirma que las células cancerígenas son células que han quedado aisladas de otras, a través de la ruptura de los canales de comunicación intercelular. Esas células aisladas producen entonces nuevas células aisladas. Esta teoría tiende a reforzar la premisa de que el cáncer se fundamenta en un auto-rechazo, en actitudes conflictivas o inarmónicas hacia una parte o parte de nosotros mismos que no queremos afrontar.

    En el caso de mi padre, tal vez su cáncer del pulmón pueda relacionarse con muchos años de represión de sus propias opiniones y sentimientos personales (el yo, el ser individual está alojado en la zona del pecho), privilegiando las buenas relaciones con los demás, sin muchas quejas (como él decía: “la procesión va por dentro”), sintiéndose feliz al servicio de los demás. Aunque, cuidando muy bien su alimentación. Es posible que él haya llevado esta enfermedad por muchos años. Sin embargo, todo se desencadena en los tres últimos años, después de fallecer su esposa –mi mamá- (1998) e hijo –mi hermano- (1999), y quedarse solo en casa. Ya no hay más tareas cotidianas para otros, ahora hay que atenderse a sí mismo. Y su dolor interno haya estado oculto detrás de las actividades cotidianas, para no molestar a los demás.

    En síntesis, cuál es el mensaje para mí y mi familia, y para todos aquéllos que transitan por este mundo protegiendo sus fronteras por miedo a ser heridos, por ahora me quedó con uno: aquí y ahora, soltar la propia voz. ¡Gracias, Padre!

    Soy
    Qué importa si soy grande o pequeña
    Si soy verde o azul
    Lo importante es que soy
    Soy un ser sin edad sin peso ni espacio
    Soy viento soy cóndor soy río soy mar
    Soy piedra, árbol y montañas
    Mis tesoros están escondidos en
    las cuevas más altas de los cerros
    En lo profundo del mar
    En mi espalda llena de historias
    de todos los seres antiguos y modernos
    un Pachacutec, un Sócrates, una Juana de Arco
    una bailarina cubana, un tripulante de alta mar,
    una viajera en busca de su patria
    un hijo buscando a su padre
    una arena caliente norteña buscando el piececito
    de aquel niño perdido
    unos baúles decimonónico cargados de ilusiones al garete
    un hijo soñando con otro mundo entre olas
    una luchadora empedernida oliendo esa caricia..


NOTAS
[5] La dieta diaria consistió: 6:00 a.m.: 4 claras de huevo crudas al hilo en ayunas, 1 porción de mazamorra de fríjol soya con kiwicha (a veces con maca), 1 vaso de jugo de frutas. 10:00 a.m.: 1 vaso de leche Ensure. 12:30 p.m.: ensalada de verduras orgánicas frescas de todos los colores, 1 porción chica de menestra con papas o arroz, 1 camote, agua de linaza. 5:00 p.m.: 1 vaso de leche Ensure. 7:00 p.m.: 1 sopa de verduras y 1 postre. Gelatina a discreción, particularmente después de la ingestión del Tramal.

[11] “El costado izquierdo del cerebro controla efectivamente el costado derecho del cuerpo. Esta parte de nuestro ser, tanto en el hombre como en la mujer, representa la naturaleza masculina: intelectual, agresiva y afirmativa, aquella que se enfrenta con la realidad cotidiana, con las cuestiones prácticas y las relativas al trabajo; es autoritaria, lógica y racional” (Debbie Shapiro, “Cuerpo – Mente. La conexión curativa. Intermedio editores Robin Book. [Título original: The Bodymind Workbook. 1990] Debbie Shapiro. 1991, Ediciones Robinbook. SL. (p. 31-32). Impreso en Cali, Colombia, 1993. Pp. 31-32)

Te invitamos a poder hacer un alto en el camino y compartir juntos la intensidad que implica la conciencia de vivir en proceso.
Hay un ritmo de crecimiento que no se detiene y un momento preciso para cada experiencia.
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